Pamplona en un día

El Monumento al encierro se encuentra en la Avenida de Roncesvalles

Pamplona es una ciudad pequeña, ideal para ser recorrida a pie. Por eso, aun contando con poco tiempo para conocerla, es posible disfrutar de la capital navarra y captar su esencia si sabemos qué ver, qué hacer y dónde comer. Así que aquí va una guía completa para conocer a fondo Pamplona en tan sólo 24 horas.

9.00 Desayunando con Hemingway

Si hay un lugar perfecto para empezar el día en Pamplona, ese es el Café Iruña (Plaza del Castillo, 44). Fundado en 1888 (fue el primer establecimiento con luz eléctrica en Pamplona) este céntrico café es uno de esos lugares con solera, en los que el tiempo parece haberse detenido: veladores de mármol y forja, lámparas de época, molduras policromadas y columnas que se multiplican en los grandes espejos que adornan las paredes.

Era habitual ver Ernest Hemingway escribiendo y bebiendo coñac en la terraza del Iruña, a la que era asiduo. De hecho, podemos encontrarlo allí todavía, acodado al final de la barra. La escultura de bronce del escritor norteamericano, a tamaño natural, con que el Café Iruña le rinde homenaje, se ha convertido en uno de los monumentos más fotografiados de Pamplona.

9.30 ¿Dónde está el castillo?

Al salir del Café Iruña nos encontraremos en la Plaza del Castillo, clásico lugar de encuentro de los pamploneses y epicentro de la vida urbana en Pamplona. Lo primero que llama la atención en este cuadrilátero porticado es que el castillo no está por ningún lado, aunque según cuentan las crónicas, lo hubo, y por partida doble.

Presidido por el mítico quiosco de música, la Plaza de Castillo alberga establecimientos históricos como el ya mencionado Café Iruña o el Gran Hotel La Perla, y sirve de nudo de comunicaciones entre las diferentes zonas del Casco Antiguo.

10.00 El recorrido del encierro (sin toros)

Las calles que componen el recorrido del encierro de los sanfermines, se ha convertido, sin proponérselo es una de las rutas más turísticas de Pamplona, un paseo de poco menos de un kilómetro que comienza en el punto más bajo de la Cuesta de Santo Domingo. A medida que subamos, en la acera de la derecha nos encontraremos con la famosa hornacina con la imagen de San Fermín a la que los mozos le cantan tres veces justo antes de que correr delante de los toros. También a mano derecha veremos el Museo de Navarra, un impresionante edificio del siglo XVI. Tras cubrir este primer tramo llegaremos a la pequeña plaza Consistorial, donde está el Ayuntamiento de Pamplona, desde cuyos balcones, cada 6 de julio se dispara el mítico chupinazo que marca el inicio de las fiestas de San Fermín.

Cruzando la plaza en diagonal, llegaremos a la calle Mercaderes, de la que recorreremos apenas un centenar de metros hasta llegar a la peligrosa Curva de Mercaderes, que enlaza con la calle más popular del encierro (y de Pamplona): Estafeta, una vía peatonal repleta de comercios que constituye el tramo más largo del recorrido. Al final de la calle Estafeta, en la tienda de Kukuxumuxu, hay un reloj electrónico que marca la cuenta atrás de los días, horas, minutos y segundos que faltan para que comiencen los próximos sanfermines. Ni que decir tiene que aprovecharemos nuestro paso por aquí para comprar regalos, recuerdos y souvenirs, pues la calle está repleta de este tipo de locales.

Al final de la calle Estafeta se abre el tramo conocido como Telefónica (debido al edificio que allí posee esta empresa), un trecho amplio y luminoso que nos llevará hasta el callejón que desemboca en la Plaza de Toros, donde finalizan los encierros. A pocos pasos de allí encontraremos la efigie que Pamplona le dedicó al escritor Ernest Hemingway.

11.30 El mirador y el claustro

Al lado de la plaza de toros se encuentra el Baluarte de Labrit, y allí mismo empieza la Ronda del Obispo Barbazán, un precioso paseo peatonal en el que podremos contemplar el único fragmento de muralla medieval que se conserva visible en Pamplona. La ronda discurre entre la parte trasera de la Catedral y el río Arga, y nos lleva hasta el que es posiblemente el enclave con más encanto de toda la ciudad: el Rincón del Caballo Blanco, un mirador privilegiado con vistas al monte San Cristóbal y situado sobre el Bastión del Redín, antigua fortaleza defensiva.

Si la sobredosis de belleza no acaba con nosotros, podemos tomar por la calle Redín para llegar hasta la Plazuela de San José, donde nos espera la imponente Catedral de Santa María la Real, de estilo gótico y fachada neoclásica, que está considerada como el complejo catedralicio más completo que se conserva en España. La catedral alberga uno de esos tesoros que, por sí solos, justifican cualquier viaje: el claustro gótico, del siglo XIV. Hasta el mismísimo Victor Hugo, que visitó Pamplona en 1843, se refirió a él como "uno de los más hermosos claustros que haya visto en la vida". Y otra cosa no, pero Victor Hugo, de catedrales, sabía un rato.

13.00 La fuente, la churrería y el mercado

Tras nuestra visita a la catedral, tomaremos por la calle Navarrería para ir en busca de uno de esos monumentos que debe su popularidad a las fiestas de San Fermín: la Fuente de Navarrería, el lugar desde donde los guiris practican el «fuenting» durante los sanfermines, o lo que es lo mismo, lanzarse al vacío esperando que algún alma caritativa les agarre antes de que se partan la crisma contra el suelo. Por eso eso no es de extrañar que la de Navarrería, sea conocida como «la fuente de la muerte».

A pocos metros de allí se encuentra la calle Mañueta, en la que está uno de los locales más míticos de Pamplona: la churrería La Mañueta, de la que se dice elabora los mejores churros de España. Por eso ni es de extrañar que cuando abre (sólo lo hace unos pocos días al año), sobre todo durante las fiestas de San Fermín, se formen colas ante su puerta.

Al final de la calle, está el Mercado de Santo Domingo, un lugar perfecto para tomar el pulso de la ciudad, conocer de primera mano los productos locales y llevarnos algún souvenir gastronómico.

14.00 Hora de comer

Después de un largo paseo hay que reponer fuerzas, y aprovechando que estamos en una ciudad donde se come de escándalo, podemos pensar en darnos un homenaje. Si el precio no es un problema, podemos probar lo mejor de la gastronomía navarra en el Restaurante Europa, Enekorri, Rodero o La Nuez. Si andamos algo más ajustados de presupuesto, una opción perfecta es El Merca'o. Otra opción es localizar un buen menú del día, algo bastante fácil en Pamplona. Casa Otano y Restaurante Melbourne, sirven un menú del día con una excelente relación calidad-precio.

Si no lo tienes claro, puedes pasarte por nuestro artículo sobre dónde comer en Pamplona.

16.00 La fortaleza verde

Para quemar las calorías del almuerzo, nada mejor que un paseo por la Ciudadela, que además de ser una de las 10 visitas obligadas en Pamplona, es una de las zonas verdes preferidas por los pamploneses. A medio camino entre parque recreativo y recinto cultural, este sistema defensivo, en forma de pentágono de piedra, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar del Renacimiento español. Los antiguos edificios del complejo suelen albergar exposiciones y muestras culturales.

Cruzando las diferentes puertas del Puente del Socorro, saldremos al Parque de la Vuelta del Castillo, de estilo inglés, que circunda a la ciudadela y es el más extenso de Pamplona.

17.30 Un café en el parque

A tiro de piedra de la Ciudadela se encuentran los Jardines de la Taconera, el parque más antiguo de Pamplona. Su estructura es la del típico jardín romántico con amplios paseos y rincones encantadores plagados de árboles antiguos y exóticos. Los límites del parque son en ocasiones las propias murallas de la ciudad, que lo atraviesan, pues está construido sobre un antiguo baluarte.

Que nadie se asuste si ve ciervos, no se trata de alucinaciones. A lo largo de los años el parque ha reunido ejemplares de las más diversas especies que conviven en pacífica semilibertad: gamos, faisanes, cabras y ardillas son algunos de los miembros de esta peculiar familia animal.

Los jardines están salpicados de estatuas tan famosas como la del tenor Julián Gayarre o la de la Mariblanca, y de monumentos como el Portal de San Nicolás, de 1666. Por si faltaba algo, el parque cuenta con uno de los rincones con más encanto de Pamplona: el Café Vienés, un quiosco hexagonal de cristal y madera que trata de imitar a los cafés austríacos, y que es lugar de encuentro para bohemios y estudiantes.

Si abandonamos el Parque de la Taconera por el Portal Nuevo, llegaremos al Paseo de Ronda, un mirador de excepción a espaldas de la calle Descalzos, es el paso superior que discurre junto a las almenas de las murallas y debe su nombre a las rondas que por allí hacían los soldados para vigilar el horizonte y proteger la ciudad. Las fachadas color pastel de las viviendas del paseo son una estampa clásica de Pamplona. ¿Un consejo? Si puedes, no te pierdas la puesta de sol.

18.30 Santos y reyes

Si tomamos por la tabernaria calle Joaquín Jarauta aterrizaremos frente a la Iglesia de San Saturnino (o de San Cernin, como también se la conoce), una de las más bellas de la ciudad, con su atrio porticado con arcos ojivales, una impresionante portada gótica y dos altas torres. Una de ellas, la del reloj, está coronada por el «gallico de San Cernin», uno de los emblemas más populares de la ciudad. Por cierto, San Saturnino es el patrón de Pamplona, ¿a que tú también pensabas que era San Fermín?

Nuestra siguiente parada será la Iglesia de San Nicolás, la única que conserva vestigios románicos y que fue bastión militar y defensivo para los vecinos de su burgo. Que nadie se pierda el órgano barraco que alberga este templo, pues es el más importante de Pamplona. La parte sur de la iglesia da al Paseo de Sarasate, sin duda el más noble y aristocrático de Pamplona: allí se encuentra la fachada trasera del Palacio de Navarra (sede del Gobierno navarro), el Banco de España, el imponente Monumento a los Fueros, y el edificio de la antigua Audiencia de Pamplona que actualmente es sede del Parlamento de Navarra. El andén principal del paseo está adornado con seis estatuas de piedra blanca que representan a reyes, aunque sólo se conoce la identidad de dos de ellas: Felipe III y García Ramírez.

20.30 Diez toneladas de bronce

Desde el Paseo de Sarasate nos dirigiremos a la cercana Avenida de Roncesvalles, donde se encuentra el Monumento al Encierro, una impresionante obra que capta de manera espléndida un instante de un encierro cualquiera, diecinueve figuras (nueve animales y seis corredores) congeladas en plena carrera. El monumento está orientado hacia la cercana plaza de toros, y ni que decir tiene que, con sus diez toneladas de bronce colado, se ha convertido en uno de los iconos de Pamplona.

Dando un paseo por la avenida Carlos III, pasaremos ante la fachada principal del Palacio de Navarra y el Teatro Gayarre, y llegaremos al punto donde comenzó la jornada: la Plaza del Castillo.

21.30 De pinchos por Pamplona

No es casualidad que nuestra jornada acabe en la plaza del Castillo, pues éste es el epicentro del bullicio nocturno y, por tanto, un sitio perfecto para cenar a base de pinchos, culminando el día como lo haría un auténtico pamplonés.

No debes perderte los míticos fritos de huevo del Bar Río, por ejemplo, o el crujiente de morcilla y pimiento de Casa Otano. Tampoco puede faltar una visita al Gaucho, que para muchos es el mejor bar de la ciudad, ni al Melbourne, que ya no saben qué hacer con todos los premios que han ganado. Cerca de allí, en La Navarra, hacen una de las mejores tortillas de patata del país, y en el Bar Fitero, bordan el cardo relleno de almendras con salsa de almejas.

Los que se animen a alejarse un poquito del centro, tendrán recompensa porque locales como el Chelsy, el Savoy o el Letyana bien merecen una visita.

Aquí tienes nuestro artículo sobre bares y restaurantes de Pamplona que merecen la pena, por si necesitas inspiración.

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